Discapacidad visual en Siria: ceguera, guerra e inclusión
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Discapacidad visual en Siria: cómo viven las personas ciegas tras años de guerra
Viajar por Siria en agosto de 2023 me permitió conocer un país extraordinario, pero también una realidad que pocas veces aparecía ante los ojos del visitante. Tras más de una década de guerra, las heridas estaban en los edificios, en la economía y, sobre todo, en las personas. Para quienes tenían una discapacidad, aquellas dificultades podían multiplicarse.
Yo recorría sus calles con mi bastón blanco y rojo y con una pregunta que me acompaña en muchos de mis viajes. ¿Cómo vive aquí una persona ciega?
Encontrar una respuesta no fue sencillo. Siria continuaba entonces gobernada por Bashar al-Assad y existía un enorme hermetismo a la hora de hablar de determinadas cuestiones sociales o políticas. Preguntando, insistiendo y buscando acabé encontrando en Damasco un lugar que me permitiría acercarme a esa otra Siria, la Asociación para el Cuidado de las Personas Ciegas de Damasco.
Aquella visita me permitió compartir unas horas con jóvenes ciegos, escuchar sus problemas de movilidad y autonomía y comprobar que, detrás de muchas puertas, existían pequeñas redes de solidaridad intentando cubrir necesidades que la guerra y la crisis económica habían hecho todavía mayores.
Siria ha cambiado profundamente desde entonces. El régimen de Bashar al-Assad cayó en diciembre de 2024 y el país inició una nueva etapa política. Por eso, lo que cuento en primera persona corresponde a la Siria que yo conocí, mientras que los datos sobre organizaciones, infancia, refugiados, educación o discapacidad los he actualizado posteriormente.
La discapacidad visual en la Siria que conocí en 2023
Moverme con mi bastón por Damasco fue suficiente para comprender una parte del problema.
Aceras deterioradas, obstáculos, vendedores ocupando zonas de paso, cruces complicados y un tráfico difícil de interpretar convertían desplazamientos aparentemente sencillos en recorridos mucho más complejos para alguien que no ve. No pretendo extrapolar mi experiencia en Damasco a toda Siria, pero aquello que experimenté coincidía bastante con los problemas de movilidad y autonomía que posteriormente me contarían algunas personas ciegas, y que yo mismo pude vivir.
En aquel momento Siria llevaba más de doce años soportando las consecuencias de una guerra devastadora. A las personas que habían nacido con discapacidad visual se habían sumado quienes habían adquirido diferentes discapacidades durante el conflicto. Explosiones, metralla, minas y restos explosivos dejaron lesiones permanentes en una población que debía afrontar además enormes dificultades económicas y unos servicios profundamente debilitados.
Tras preguntar durante varios días conseguí llegar a la Asociación para el Cuidado de las Personas Ciegas de Damasco. Fue al cruzar aquella puerta cuando empecé realmente a comprender la distancia que podía existir entre la imagen oficial del país y la vida cotidiana de algunas personas con discapacidad.
Asociación para el Cuidado de las Personas Ciegas de Damasco
La asociación que visité no era un pequeño proyecto creado como consecuencia de la guerra. Su historia se remonta mucho más atrás.
La Asociación para el Cuidado de las Personas Ciegas de Damasco es una organización civil sin ánimo de lucro fundada en 1973 y oficialmente registrada. Su ámbito de actuación comprende Damasco y su entorno y su objetivo es apoyar a las personas con discapacidad visual mediante educación, rehabilitación, formación y asistencia social.
Según la información que publica la propia asociación, presta apoyo a cientos de familias de personas ciegas. Entre sus actividades se encuentran ayudas económicas y materiales, cursos de braille, informática e idiomas, formación profesional y una biblioteca con libros sonoros y material adaptado.
También mantiene Rawdat Al-Nour —la Guardería de la Luz—, destinada a niños ciegos de aproximadamente tres a seis años, y desarrolla diferentes formas de asistencia relacionadas con la salud ocular.
Más de medio siglo después de su creación, la asociación busca que las personas ciegas puedan estudiar, adquirir habilidades, trabajar y participar en la sociedad con mayor autonomía.
Pero una página web solamente cuenta una parte de la historia. En agosto de 2023 yo quería saber cómo era la vida cuando aquellas personas salían de la protección del centro y volvían a las calles.
“Oficialmente todo está bien”
Antes de estar con los jóvenes pude conversar durante un rato con el responsable de la asociación.
Hablar no era sencillo.
Durante aquel viaje percibí mucho temor a expresar determinadas opiniones y una enorme cautela cuando una conversación podía acercarse a cuestiones relacionadas con el Estado. Siria seguía bajo el régimen autoritario de Bashar al-Assad y esa sensación de control y hermetismo estuvo presente en diferentes momentos de mi recorrido.
Por eso recuerdo especialmente una frase. Cuando intentaba conocer las dificultades a las que se enfrentaban las personas ciegas, la respuesta fue medida.
“Oficialmente todo está bien y bajo control.”
No necesitaba decir mucho más.
También me explicó que la asociación tenía grandes dificultades económicas y dependía en buena medida de ayudas procedentes del exterior, incluidas aportaciones de sirios que habían emigrado y diferentes formas de ayuda humanitaria.
Después de bastonear durante días por ciudades y pueblos, sortear aceras deterioradas, obstáculos y cruces difíciles, comprendí mejor lo que había detrás de aquel prudente “todo está bien”. Cuando una ciudad presenta esas barreras, una persona ciega no necesita que nadie le explique las consecuencias. Basta con intentar caminar por ella.
Una clase de inglés que terminó entre canciones
Después de hablar con el responsable me llevaron hasta una clase de inglés.
Allí había aproximadamente doce o quince chicos y chicas ciegos o con discapacidad visual. Estuve bastante tiempo con ellos mientras continuaban la clase y, poco a poco, aquella visita que había comenzado de manera bastante formal se transformó en algo mucho más cercano.
Al terminar, algunos comenzaron a cantar.
Durante un rato desaparecieron informes, estadísticas y discursos. Éramos simplemente un grupo de personas compartiendo canciones y conversación en una habitación de Damasco.
Quienes podían comunicarse conmigo en inglés me hablaron principalmente de movilidad y falta de autonomía. Salir solos, desplazarse por la ciudad o realizar actividades cotidianas podía convertirse en un problema y, con frecuencia, dependían de familiares o acompañantes.
Había una contradicción que me llamó especialmente la atención. Dentro del centro encontraba jóvenes estudiando inglés, aprendiendo música, relacionándose y ayudándose entre ellos. Fuera esperaba una ciudad que muchas veces no estaba preparada para que pudieran desplazarse de manera independiente.
Intenté profundizar más. Quise hablar de forma privada con el profesor de inglés y trate de quedar con el para el día siguiente, pero finalmente no fue posible. Tampoco tuvimos la libertad para conversar individualmente dentro del centro.
Lo que sí puedo contar es aquello que vi y las conversaciones que realmente mantuve. Jóvenes con ganas de estudiar, relacionarse y construir su propio futuro que me hablaban de un deseo tan sencillo como difícil de alcanzar en aquel contexto, poder llevar una vida totalmente autónoma e independiente.
Mucho más que un lugar donde aprender braille
Con el tiempo he entendido mejor la importancia que tienen espacios como aquel.
Una asociación de personas ciegas puede enseñar braille, idiomas o informática, pero también puede proporcionar algo bastante más difícil de medir, comunidad.
Durante mi visita vi cómo los jóvenes se ayudaban, conversaban y compartían experiencias. Los adultos también utilizaban aquel lugar como punto de encuentro. En un entorno donde salir de casa podía exigir la ayuda de otra persona, disponer de un espacio propio significaba recuperar una parte de esa independencia que las barreras exteriores les quitaban.
Y aquello que encontré en Damasco no era un caso aislado.
Más allá de Damasco: asociaciones para personas ciegas en Siria
Una de esas organizaciones se encuentra en Homs, ciudad que también recorrí durante mi viaje aunque entonces no llegué a conocer personalmente su asociación para personas ciegas y con baja visión.
Allí se trabaja con niños y jóvenes mediante educación, braille, alfabetización y diferentes formas de acompañamiento. Con apoyo de UNICEF se ha formado además a profesores para trabajar con alumnos ciegos.
El trabajo continúa actualmente. En octubre de 2025, el centro para personas ciegas y con baja visión de Homs seguía desarrollando sesiones de aprendizaje de braille y educación inclusiva con apoyo de UNICEF.
También existe una asociación en Hama dedicada a personas ciegas y sordas, además de otras organizaciones repartidas por distintas provincias. Su existencia demuestra que la realidad que encontré en Damasco forma parte de una red más amplia de personas intentando que la discapacidad visual no termine significando aislamiento.
Esta realidad forma parte de las diferentes formas de vivir la discapacidad visual por el mundo que he ido conociendo durante mis viajes.
Crecer con una discapacidad en Siria: cuando ir a la escuela no está garantizado
Para muchos niños con discapacidad, las barreras comienzan mucho antes de llegar a la edad adulta.
Más de una década de guerra ha castigado duramente el sistema educativo sirio. Escuelas destruidas o dañadas, desplazamientos, pobreza y falta de profesores especializados han dejado a millones de niños con enormes dificultades para continuar estudiando. En 2025, 2,45 millones de niños seguían fuera de la escuela y más de un millón estaban en riesgo de abandonarla.
Para los menores con discapacidad, las dificultades son todavía mayores. A la pobreza se suman falta de transporte, escuelas poco accesibles, escasez de profesionales especializados y familias que no siempre tienen recursos para afrontar las necesidades de sus hijos.
Educación, rehabilitación e inclusión
UNICEF y numerosas organizaciones colaboradoras sirias e internacionales llevan años trabajando para mejorar la educación y la inclusión de los niños con discapacidad. Su labor incluye rehabilitación de escuelas dañadas, creación de espacios educativos alternativos, formación de profesores, materiales inclusivos y apoyo a familias vulnerables.
Para los niños ciegos, disponer de braille, materiales adaptados y profesores preparados puede cambiar radicalmente sus oportunidades. En Homs existen modelos educativos inclusive para niños con discapacidad visual que utilizan braille.
La discapacidad visual no es necesariamente lo que impide estudiar a un niño. Muchas veces son las barreras que encuentra alrededor las que terminan apartándolo de la educación.
Volver a Siria también significa volver a la escuela
El regreso de familias desplazadas está planteando otro desafío. Volver al país no significa recuperar automáticamente la vida que existía antes de marcharse.
En Alepo, UNICEF y sus organizaciones colaboradoras trabajan con familias retornadas y con niños con discapacidad para facilitar su incorporación a escuelas inclusivas. También se han rehabilitado escuelas dañadas e instalado espacios educativos en zonas donde están regresando familias.
Después de tantos años de guerra, reconstruir Siria no consiste solamente en levantar edificios. También significa conseguir que un niño que vuelve a su pueblo pueda sentarse de nuevo en un aula y, si tiene una discapacidad, que esa aula esté preparada para recibirlo.
Pobreza, discapacidad y dependencia
Una familia puede tener que elegir entre alimentos, medicamentos, transporte o rehabilitación. Cuando un niño necesita material adaptado o debe desplazarse hasta un centro especializado, el coste puede convertirse en otra barrera.
Durante 2025, UNICEF proporcionó ayudas económicas y derivaciones hacia servicios a 6.367 niños con discapacidad.
El desafío continúa siendo enorme. La inclusión no consiste únicamente en construir una rampa o entregar un libro en braille, sino en conseguir que un niño con discapacidad tenga oportunidades reales de estudiar y construir su futuro.
Discapacidad y vulnerabilidad de la población kurda en el noreste de Siria
La realidad de las personas con discapacidad en el noreste de Siria tiene características particulares. En Al-Hasakeh y Qamishli vive una importante población kurda.
Esta región arrastra una larga historia de marginación por parte del Estado sirio, a la que se sumaron la guerra, los desplazamientos, la pobreza y años de fragmentación territorial. Para las personas con discapacidad, todo ello ha dificultado todavía más el acceso a educación, atención sanitaria y rehabilitación.
Un estudio de UNICEF entre familias con niños con discapacidad en Al-Hasakeh encontró que más del 70 % de los menores con discapacidad estudiados nunca había recibido educación, frente al 16 % de los niños sin discapacidad de esas mismas familias. Para responder a esta situación, UNICEF desarrolla desde 2018 un programa de protección social que combina ayudas económicas con acceso a educación, salud y rehabilitación y que, en 2024, había beneficiado a más de 8.100 niños con discapacidad en la gobernación.
Y por ultimo, el acceso a la rehabilitación continúa siendo otro problema. Una evaluación de la OMS sobre el noreste de Siria encontró importantes carencias de personal, financiación, equipamiento y servicios especializados. En Al-Hasakeh, solo alrededor del 8 % de las unidades sanitarias evaluadas ofrecían plenamente rehabilitación hospitalaria aguda.
Refugiados palestinos con discapacidad en Siria: una vulnerabilidad añadida
Hablar de las personas más vulnerables de Siria obliga también a detenerse en los refugiados palestinos. Una comunidad que ya vivía como refugiada antes de comenzar la guerra siria y que, con el conflicto, sufrió nuevos desplazamientos, pobreza y destrucción.
Para una persona con discapacidad, esa acumulación de dificultades puede hacer todavía más complicado acceder a vivienda, educación, atención sanitaria, rehabilitación o desplazarse con autonomía.
Aquí tiene un papel especialmente importante UNRWA, la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina, que lleva décadas proporcionando educación, salud, protección y asistencia social a esta población. Entre sus actuaciones también existen programas dirigidos a personas con discapacidad.
UNRWA ha desarrollado junto con UNDP proyectos para adaptar viviendas de refugiados palestinos con discapacidad. Para una persona que regresa después de años de desplazamiento, eliminar barreras dentro de su propia vivienda puede significar recuperar una parte de su independencia.
Pero UNRWA no está sola.
Entre las organizaciones palestinas que trabajan sobre el terreno destaca Jafra Foundation for Relief and Youth Development, nacida en el campo de Yarmouk en 2002 por iniciativa de jóvenes palestinos.
Antes de la guerra, Jafra estaba centrada principalmente en educación, cultura, formación y juventud. Con el conflicto tuvo que transformar parte de su trabajo para proporcionar también agua, alimentos, saneamiento, ayuda humanitaria y educación de emergencia.
Una realidad que también pude conocer al investigar la discapacidad visual en Líbano, donde la población refugiada vuelve a encontrarse entre los colectivos más vulnerables.
Nour Village: un pueblo pensado para personas ciegas
Durante mi viaje por Siria escuché hablar de un lugar que despertó inmediatamente mi curiosidad.
Se encontraba en el noroeste del país, en la provincia de Idlib, cerca de la frontera con Turquía y fuera de la zona controlada entonces por el Gobierno de Bashar al-Assad, y por ese motive no pude desplazarme hasta allí.
Su nombre era Al Noor Village, en arabe significa el Pueblo de la Luz.
Nour Village nació en 2020 para proporcionar una vivienda más digna a familias desplazadas por la guerra en las que al menos uno de sus miembros era ciego o tenía una discapacidad visual grave. Muchas procedían de campos de desplazados del noroeste sirio y llevaban años viviendo en tiendas en condiciones especialmente difíciles para una persona ciega.
La comunidad fue creado gracias al apoyo de la organización benéfica kuwaití Basaier y gestionado sobre el terreno por la organización humanitaria siria Al Diaa. Y en 2026 viven casi 129 familias entre sus calles.
De una tienda de campaña a una casa accesible
Lo verdaderamente singular de Nour Village es que el entorno fue pensado teniendo en cuenta las necesidades de las personas ciegas.
Las calles están organizadas para facilitar los desplazamientos, las viviendas incorporan identificaciones en braille, valdosas podotactiles y diferentes elementos táctiles ayudan a reconocer edificios y orientarse.
El pueblo dispone además de escuela inclusivas donde acuden niños con o sin discacidad visual, mezquita, mercado y espacios comunitarios. Los niños pueden aprender braille y las familias tienen acceso a servicios dentro de la propia comunidad.
Son soluciones sencillas, pero cuando el entorno está diseñado pensando en nosotros, la discapacidad deja de convertirse constantemente en dependencia.
Eso no significa que Nour Village sea un paraíso. Las familias siguen afrontando pobreza, dificultades laborales y necesidades sanitarias. Un entorno accesible facilita la autonomía, pero no elimina los problemas económicos y sociales del país.
En agosto de 2023 la división territorial de Siria hizo imposible que pudiera llegar hasta allí, pero algún día me gustaría recorrer esas calles con mi bastón, hablar directamente con quienes viven en ellas y comprobar hasta qué punto ese modelo funciona realmente fuera de las fotografías y los reportajes.
Mi reflexión sobre Nour Village
Nour Village me genera sentimientos contradictorios, pero para entender un lugar así creo que primero hay que ponerse en la piel de las personas que viven allí y observar el contexto en el que nació.
Si trasladáramos esta idea directamente a España o a buena parte de Europa, probablemente me parecería un error. Crear un pueblo específicamente para personas ciegas podría significar separarnos del resto de la sociedad, construir una especie de gueto y caminar precisamente en dirección contraria a la inclusión por la que llevamos tantos años luchando.
Pero Siria no es España.
Estamos hablando de un país castigado durante años por la guerra, la destrucción, la pobreza y los desplazamientos forzados. Muchas de las familias que llegaron a Nour Village habían pasado por campos de desplazados y necesitaban algo mucho más elemental que un debate sobre modelos de inclusión. Necesitaban una vivienda digna, seguridad, educación, tranquilidad y un lugar donde una persona ciega pudiera desplazarse con cierta autonomía.
Visto desde esa realidad, mi percepción cambia.
Creo que Nour Village es algo positivo para la Siria actual, aunque represente una inclusión relativa. Sus habitantes encuentran protección, comunidad y un entorno pensado para sus necesidades en un país donde todavía existen enormes barreras para las personas con discapacidad.
Eso no significa que este deba ser el modelo definitivo.
Mi deseo sería que algún día lugares como Nour Village dejaran de ser necesarios porque una persona ciega pudiera estudiar, trabajar, formar una familia y caminar con tranquilidad por cualquier ciudad o pueblo del país.
Hasta que llegue ese momento, me cuesta juzgar desde mi realidad occidental a una familia que, después de haber perdido su casa y haber vivido desplazada por una guerra, encuentra allí seguridad y paz.
Por eso no veo Nour Village como el lugar donde deberían vivir las personas ciegas de Siria. Lo veo como un refugio que tiene sentido mientras Siria no pueda garantizar en cualquier rincón del país aquello que sus habitantes encuentran dentro de él, seguridad, educación, autonomía, comunidad y una oportunidad para empezar de nuevo.
Las heridas de la guerra: discapacidad y reconstrucción en Siria
Hablar de discapacidad en Siria sin hablar de la guerra sería imposible.
Bombardeos, explosiones, minas y restos de munición han provocado amputaciones, lesiones neurológicas y pérdida de visión y audición. A estas discapacidades adquiridas se suman las de quienes ya vivían con una discapacidad y vieron desaparecer servicios, centros de rehabilitación, escuelas o medios de vida.
La evaluación nacional publicada por UNDP en 2021 estimaba que alrededor del 28 % de la población siria mayor de dos años tenía algún tipo de discapacidad. La cifra incluye todas las discapacidades y no puede utilizarse como una estimación de discapacidad visual.
Humanity & Inclusion: rehabilitar después de la guerra
Entre las organizaciones internacionales especializadas en discapacidad que trabajan en Siria destaca Humanity & Inclusion, anteriormente conocida como Handicap International, presente dentro del país desde 2012.
Su trabajo incluye rehabilitación física, apoyo psicosocial, productos de apoyo, prótesis y órtesis, además de favorecer que las personas con discapacidad puedan acceder a la ayuda humanitaria.
Otra parte fundamental de su labor está relacionada con las minas y municiones sin explotar. La guerra puede haber terminado en un lugar, pero continuar escondida bajo tierra, en campos, viviendas destruidas o pueblos a los que están regresando familias desplazadas.
Humanity & Inclusion trabaja en prevención y reducción de estos riesgos y en la rehabilitación de quienes han sufrido sus consecuencias.
Sobrevivir a una explosión es solamente el comienzo. Después puede ser necesario aprender nuevamente a caminar, orientarse, estudiar o trabajar con una discapacidad que quizá no existía unas horas antes.
Por eso, en un país como Siria, prevenir una explosión evita una posible nueva discapacidad y rehabilitar a quien ya ha resultado herido puede ayudarle a recuperar su independencia.
Reconstruir el país no consiste únicamente en retirar escombros y levantar edificios. También significa limpiar los restos de la guerra y permitir que quienes han adquirido una discapacidad puedan reconstruir su propia vida.
Siria y la displaced en 2026: una oportunidad para empezar a cambiar
La Siria que existe hoy ya no es exactamente el país que recorrí en el 2023.
El régimen de Bashar al-Assad cayó en diciembre de 2024 y Siria inició una nueva etapa política encabezada por Ahmed al-Sharaa. No quiero convertir este artículo en un análisis político. Lo importante aquí es saber si esa nueva etapa puede traducirse también en cambios para las personas con discapacidad.
Existen algunas señales positivas. Organizaciones sirias de personas con discapacidad están ganando espacio y organismos internacionales trabajan para que rehabilitación, accesibilidad y participación formen parte de la recuperación del país.
Pero sería demasiado pronto para hablar de una transformación conseguida. Continúan existiendo enormes problemas de accesibilidad, rehabilitación, empleo, educación y servicios especializados.
Y ahí Siria tiene también una oportunidad.
Después de tanta destrucción, si las nuevas escuelas, viviendas, calles, transportes y edificios públicos se diseñan pensando desde el principio en todas las personas, el país podría evitar reconstruir también muchas de las barreras que existían antes de la guerra.
Cuando pienso en las personas ciegas que conocí en Damasco, recuerdo especialmente aquella clase de inglés. Un grupo de chicos y chicas estudiando, cantando y compartiendo unas horas juntos mientras, al otro lado de la puerta, les esperaba una ciudad donde algo tan sencillo como desplazarse solos podía convertirse en un desafío.
Aquello fue en agosto de 2023. Desde entonces han cambiado muchas cosas, pero las consecuencias de tantos años de destrucción no desaparecen con un cambio de Gobierno.
Existen motivos para mirar hacia adelante. Asociaciones sirias, organizaciones de personas con discapacidad y organismos internacionales continúan trabajando en educación, rehabilitación, inclusión y accesibilidad. Pero queda muchísimo camino.
Porque la verdadera inclusión no consiste solamente en ayudar a sobrevivir a una persona con discapacidad o proporcionarle permanentemente alguien que la acompañe. Consiste en crear las condiciones necesarias para que pueda estudiar, trabajar, desplazarse, relacionarse y decidir sobre su propia vida con la mayor autonomía posible.
Quizá por eso mi experiencia en Siria terminó enseñándome algo que he encontrado después en muchos otros lugares del mundo. La discapacidad puede ser la misma, pero el lugar donde nacemos o vivimos puede cambiar completamente nuestras oportunidades.
Siria tiene ahora por delante el enorme desafío de reconstruirse después de años de guerra. Pero también tendrá que reconstruir oportunidades.
Y quizá una de las mejores formas de saber qué Siria está naciendo será observar si, dentro de unos años, aquellos jóvenes que conocí cantando en una pequeña asociación de Damasco pueden salir por esa misma puerta y llevar la vida autónoma e independiente que me dijeron que deseaban.
Fuentes bibliográficas y actualización
Para elaborar este contenido he combinado mi experiencia personal en Siria en agosto de 2023 con información contrastada y actualizada de las siguientes fuentes:
- UNICEF Syria — Infancia con discapacidad, educación inclusiva, braille, rehabilitación de escuelas y familias retornadas. https://www.unicef.org/syria/
- UNDP Syria — Datos sobre discapacidad, rehabilitación, inclusión y reconstrucción. https://www.undp.org/syria
- UNRWA Syria — Refugiados palestinos, discapacidad, educación y vivienda. https://www.unrwa.org/where-we-work/syria
- Humanity & Inclusion — Rehabilitación, discapacidad, prótesis, apoyo psicosocial y riesgos de restos explosivos. https://www.hi.org/en/country/syria
- Jafra Foundation — Ayuda humanitaria, educación y apoyo a comunidades palestinas vulnerables. https://jafrafoundation.com/
- The National — Nour Village — Investigación sobre Nour Village, su funcionamiento, accesibilidad y testimonios de sus habitantes. https://www.thenationalnews.com/weekend/2023/06/16/inside-northern-syrias-unique-village-for-the-visually-impaired/
Preguntas frecuentes sobre discapacidad visual en Siria
¿Cuántas personas ciegas o con discapacidad visual hay en Siria?
No existe actualmente una cifra fiable sobre cuántas personas ciegas o con baja visión viven en Siria. La evaluación nacional publicada por UNDP estimó que alrededor del 28 % de la población mayor de dos años tenía algún tipo de discapacidad, pero incluye todas las discapacidades y no solamente la visual.
¿Cómo viven las personas ciegas en Siria?
Depende mucho del lugar y de los recursos familiares. Muchas encuentran dificultades de movilidad, educación, empleo y rehabilitación, aunque asociaciones de Damasco, Homs, Hama y otras ciudades trabajan para mejorar su autonomía e inclusión.
¿Existen asociaciones para personas ciegas en Siria?
Sí. Existen organizaciones en diferentes provincias que ofrecen braille, educación, formación, rehabilitación y apoyo social. Entre ellas se encuentran asociaciones de Damasco, Homs y Hama.
¿Pueden estudiar los niños ciegos en Siria?
Sí, aunque todavía existen importantes barreras. UNICEF y sus colaboradores trabajan en educación inclusiva, braille, formación de profesores y rehabilitación de escuelas para facilitar el acceso de los niños con discapacidad.
¿Qué es Nour Village?
Nour Village es una comunidad de la provincia de Idlib creada para familias con personas ciegas o con discapacidad visual grave. Sus viviendas y espacios están diseñados para facilitar la orientación y una mayor autonomía.
¿La guerra de Siria ha provocado nuevas discapacidades?
Sí. Explosiones, metralla, minas y municiones sin detonar han provocado amputaciones, pérdida de visión y audición y otras discapacidades. Los restos explosivos continúan representando un peligro para la población.
¿Qué organizaciones ayudan a las personas con discapacidad en Siria?
Además de organizaciones sirias, trabajan organismos y ONG internacionales como Humanity & Inclusion, UNICEF y UNDP, con programas de rehabilitación, educación, protección social, inclusión y prevención frente a restos explosivos.
¿Qué ayuda reciben los niños con discapacidad que regresan a Siria?
UNICEF y sus colaboradores trabajan para reincorporarlos a la educación mediante escuelas inclusivas, rehabilitación de centros, formación de profesores y apoyo a las familias retornadas.
¿Ha mejorado la situación de las personas con discapacidad en Siria?
Existen avances en educación, rehabilitación e inclusión, pero todavía quedan enormes barreras relacionadas con pobreza, accesibilidad, empleo y servicios especializados. La reconstrucción supone una oportunidad para no repetir esas barreras.