Discapacidad visual en Líbano: vivir entre barreras, refugiados y guerra
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Discapacidad visual en Líbano: vivir entre barreras, refugiados y guerra
En agosto de 2023 pasé tres semanas recorriendo Líbano con mi bastón. Beirut fue mi base y también el lugar donde pude acercarme a una realidad que intento conocer en cada país que visito: cómo viven las personas ciegas o con baja visión cuando salen de casa, estudian, trabajan o simplemente intentan desplazarse por su ciudad.
No tardé demasiado en comprender que aquí la discapacidad visual no puede analizarse únicamente desde la ceguera. Líbano arrastra décadas de guerras, crisis políticas y económicas, desplazamientos de población y unos servicios públicos que muchas veces no consiguen responder a las necesidades de sus ciudadanos. Cuando a todo ello se añade una discapacidad, las barreras se multiplican.
Yo mismo pude comprobarlo bastoneando Beirut. Aceras deterioradas o invadidas por vehículos y comercios, cruces complicados, tráfico caótico y un espacio urbano que exige una atención constante. Pero una cosa era mi experiencia como viajero durante unas semanas y otra muy distinta vivir allí todos los días.
Para entender esa realidad necesitaba escuchar a quienes la conocen desde dentro.
Discapacidad visual en Líbano: una realidad entre barreras y conflictos
Una de las primeras dificultades cuando intentamos saber cuántas personas ciegas o con baja visión viven actualmente en Líbano es la falta de estadísticas nacionales recientes y suficientemente precisas.
Uno de los grandes estudios nacionales sobre ceguera y baja visión se realizó en la década de 1990. Aquella investigación estimó una prevalencia aproximada del 0,6 % de ceguera y del 3,9 % de baja visión, pero utilizar esas cifras como una fotografía del Líbano actual sería engañoso. Han pasado tres décadas y el país ha experimentado enormes cambios demográficos, económicos y sociales.
Guerras, desplazamientos de población, accidentes y crisis humanitarias han ido modificando además una realidad difícil de cuantificar. Por eso prefiero no convertir estadísticas antiguas en cifras actuales. Lo que sí permiten entender es que la discapacidad visual ya constituía entonces un problema relevante y que Líbano continúa necesitando mejores datos para desarrollar políticas de prevención, rehabilitación, educación e inclusión.
Personas ciegas en Beirut: bastón blanco, accesibilidad y autonomía
Después de varios días caminando por Beirut entendía perfectamente muchas de las dificultades que posteriormente me explicaron las personas con discapacidad visual que conocí.
Moverse con bastón por determinadas zonas de la ciudad puede convertirse en una sucesión constante de obstáculos. Las aceras no siempre ofrecen una continuidad clara. Aparecen escalones, motos, coches, terrazas, vendedores o mobiliario, mientras que el pavimento táctil es muy limitado.
El tráfico añade otra dificultad. Cruzar determinadas avenidas requiere interpretar sonidos, movimientos y oportunidades en un entorno donde la circulación puede resultar especialmente agresiva para alguien que no ve correctamente.
Yo podía asumir ese desafío durante unas semanas, pedir ayuda cuando fuera necesario e incluso convertirlo en parte de la experiencia del viaje. Pero vivirlo diariamente es completamente diferente.
Las personas de la Youth Association of the Blind me explicaron que esa hostilidad urbana provoca que muchas personas con discapacidad visual terminen dependiendo de familiares o acompañantes para actividades que deberían poder realizar de manera autónoma, como hacer una compra, desplazarse a estudiar, realizar una gestión o simplemente caminar por su propia ciudad.
Aquí aparece una cuestión fundamental. La falta de autonomía no procede necesariamente de la ceguera. Muchas veces procede del entorno.
Una persona puede aprender orientación y movilidad, manejar correctamente un bastón y desarrollar estrategias para desplazarse de manera independiente. Pero cuando la ciudad está llena de obstáculos, los cruces son inseguros y la sociedad desconoce cómo relacionarse con una persona ciega, esa autonomía se reduce considerablemente.
Youth Association of the Blind: la lucha por la inclusión en Líbano
Durante aquellos días conseguí llegar hasta la Youth Association of the Blind, en Beirut, una organización dedicada a defender los derechos y favorecer la inclusión de las personas ciegas y con baja visión.
Allí conocí a su director, Amer Makarem, y a dos jóvenes de la asociación. Entre cafés y una conversación larga y cercana comenzaron a explicarme una realidad que yo ya había empezado a intuir caminando por la ciudad.
Hablamos de educación, autonomía, inclusión y de las dificultades para conseguir recursos. Pero buena parte de la conversación terminó girando alrededor de algo mucho más básico. Qué ocurre cuando una persona ciega cierra la puerta de su casa y sale a la calle.
Fue entonces cuando Amer me dio uno de los datos que más me sorprendieron de toda nuestra conversación.
Según me explicó durante aquella entrevista, alrededor del 90 % de las personas con discapacidad visual en Líbano no utilizaban bastón blanco.
No he encontrado una estadística nacional independiente que permita confirmar ese porcentaje, por lo que no sería correcto presentarlo como un dato oficial de todo el país. Es el testimonio que me transmitió el director de la asociación en agosto de 2023, basado en la realidad con la que trabaja.
Y precisamente por eso me parece importante conservarlo.
Amer relacionaba esta situación con dos problemas que van mucho más allá de la decisión personal de utilizar o no un bastón. El primero es la falta de educación y sensibilización social respecto a la discapacidad visual y al significado del bastón blanco. Una sociedad que todavía conoce poco qué representa ese bastón y cómo relacionarse con una persona que lo utiliza añade una barrera social a las dificultades físicas de la ciudad.
Pero había un segundo problema del que se habla mucho menos, la falta de profesionales especializados en rehabilitación, orientación y movilidad. Según me explicó Amer, en Líbano no disponían de suficientes especialistas que pudieran enseñar a las personas ciegas a utilizar correctamente el bastón blanco y desarrollar las habilidades necesarias para desplazarse de manera autónoma.
La dificultad iba incluso un paso más allá. Tampoco contaban con suficientes profesionales capaces de formar a nuevos instructores locales, algo fundamental para crear una estructura estable que no dependiera permanentemente de ayuda exterior.
Amer me contó que durante un tiempo una ONG canadiense había enviado especialistas a Líbano para formar a formadores. Sin embargo, el elevado coste de desplazar a estos profesionales y mantener los programas hizo que aquella formación terminara interrumpiéndose. No he podido identificar con suficiente seguridad qué organización canadiense desarrollaba aquel programa, por lo que prefiero mantener este dato como parte del testimonio que Amer me transmitió durante nuestra entrevista.
El resultado es una combinación especialmente complicada. Una sociedad con poca educación sobre la discapacidad visual y el significado del bastón blanco, junto a la falta de profesionales que enseñen a utilizarlo y de especialistas capaces de formar a nuevos instructores dentro del propio país.
Educación e inclusión
La educación fue otro de los grandes temas de nuestra conversación.
Amer me explicó que la asociación llevaba años intentando favorecer la incorporación de niños y jóvenes con discapacidad visual a escuelas ordinarias. Para conseguirlo no basta con matricular a un niño ciego en un colegio. Hay que adaptar materiales, proporcionar herramientas accesibles, formar al profesorado y acompañar también a las familias.
Según me contó, intentaban cubrir parte de esas necesidades con recursos limitados y encontraban importantes dificultades institucionales.
Precisamente en junio de 2023, apenas dos meses antes de mi viaje, el Ministerio de Educación libanés y UNICEF habían lanzado la Política Nacional de Educación Inclusiva. El objetivo era crear un marco para que los niños con discapacidad pudieran estudiar en entornos ordinarios con los apoyos necesarios. En 2025 el programa había crecido hasta 180 escuelas públicas inclusivas.
Es un avance importante, pero la distancia entre reconocer un derecho y hacerlo funcionar en cada aula sigue siendo considerable. En 2023 UNICEF advertía que solo alrededor del 1 % de los niños con discapacidad estaban matriculados en escuelas públicas.
Cuando las asociaciones cubren los huecos
Youth Association of the Blind no es la única organización que trabaja con discapacidad en Líbano. Existen centros educativos, entidades comunitarias y organizaciones de derechos que intentan cubrir necesidades que el sistema público no siempre alcanza.
Eso ayuda a entender una característica importante del país. Buena parte de la inclusión depende del trabajo de asociaciones, organizaciones privadas y organismos internacionales. Cuando faltan recursos públicos, son estas entidades las que intentan mantener programas educativos, proporcionar tecnología de apoyo, acompañar a las familias o defender cambios legislativos.
Pero ellas también dependen de financiación. Y cuando el dinero desaparece, pueden desaparecer con él programas esenciales.
Discapacidad en el campo de refugiados palestinos de Shatila
Mi motivo para entrar en Shatila en agosto de 2023 era conocer de primera mano la realidad de los refugiados palestinos que llevan generaciones viviendo en Líbano y comprobar en qué condiciones lo hacen. Pero también fui buscando algo relacionado directamente con este proyecto. Intenté localizar a alguna persona con discapacidad visual o alguna organización que trabajara con ellas dentro del campo. Pregunté y busqué, pero no conseguí encontrar a nadie.
Shatila nació en 1949 para acoger a refugiados palestinos llegados a Líbano tras la Nakba de 1948. Décadas después, durante la invasión israelí de Líbano, quedó marcado por la masacre de Sabra y Shatila de septiembre de 1982, ejecutada por milicias falangistas libanesas aliadas de Israel mientras el ejército israelí controlaba el área y sus accesos.
No quiero profundizar aquí en esa historia porque ya forma parte de mi relato del viaje por Líbano. Lo importante en este artículo es comprender el lugar que encontré.
Pasé prácticamente un día entero recorriendo sus estrechas callejuelas. Encontré hacinamiento, edificios creciendo unos encima de otros y unas infraestructuras muy deficientes, pero también pequeños comercios y cafés, olor a falafel y té y una identidad palestina que aparecía continuamente en las paredes y en su gente. Orgullo y precariedad conviven en un espacio donde lo que nació como algo provisional terminó convirtiéndose en el hogar de varias generaciones.
Shatila hace tiempo que dejó de estar habitado únicamente por palestinos. El último censo official es de algo más de 14.000 habitantes entre palestinos, sirios, libaneses y personas de otras nacionalidades. Durante los años más duros de la guerra de Siria algunas estimaciones situaron una población siria de mqs de 18.000 personas. Pero desde 2025 cientos de miles de sirios han regresado desde Líbano a su país.
UNRWA tenía registrados 11.611 refugiados palestinos en Shatila en diciembre de 2023. La cifra no representa a toda la población que vive físicamente en el campo. Allí mantiene una escuela, un centro sanitario y programas de protección social.
Cuando aparece una discapacidad
Días después de mi paso por Shatila, Amer me ayudó a entender qué podía ocurrir con aquellas personas con discapacidad visual que yo había intentado encontrar.
Según me explicó durante nuestra conversación, cuando los organismos de Naciones Unidas detectaban entre las familias refugiadas a un menor con ceguera o baja visión que necesitaba atención especializada, podían derivarlo hacia asociaciones como la suya. Allí trabajaban su adaptación y educación, intentando proporcionar también herramientas a la familia para que el menor pudiera desenvolverse con la mayor autonomía posible.
Pero Naciones Unidas no trabaja sola. Dentro de Shatila existe una red de organizaciones comunitarias que intenta cubrir parte de las enormes necesidades del campo. Children and Youth Center trabaja con niños y jóvenes mediante educación y espacios seguros. Basmeh & Zeitooneh desarrolla programas educativos y de apoyo comunitario. Palestinian Women’s Humanitarian Organization trabaja con mujeres, familias y menores y cuenta además con experiencia en discapacidad dentro de las comunidades palestinas.
No son asociaciones especializadas en discapacidad. Su importancia está en que trabajan diariamente dentro de la comunidad y pueden detectar situaciones de vulnerabilidad, acompañar a las familias y conectarlas con los servicios que necesitan.
La puerta de entrada puede ser una escuela, un centro sanitario, UNRWA o cualquiera de estas organizaciones. Cuando aparece una necesidad específica como la discapacidad visual, asociaciones especializadas pueden asumir parte de la rehabilitación y adaptación.
El problema es que todo depende de que esa persona sea identificada y de que existan recursos para atenderla.
Eso hizo que mi experiencia en Shatila adquiriera después otro significado. Yo había entrado buscando precisamente a esas personas y salí sin encontrarlas. No significa que no estuvieran allí. En un lugar donde conviven pobreza, hacinamiento y desplazamiento, la discapacidad puede convertirse en otra realidad invisible si nadie consigue llegar hasta ella.
Guerra y discapacidad visual en Líbano: sobrevivir cuando todo cambia
Hablar de discapacidad visual en Líbano obliga también a hablar de guerra.
No porque todas las personas ciegas hayan vivido directamente un bombardeo, sino porque el país lleva décadas atravesando conflictos que han cambiado ciudades, desplazado familias y obligado a miles de personas a reconstruir una y otra vez su manera de vivir.
Amer me explicó que algunas personas con discapacidad visual habían pasado parte de su infancia o juventud internas en escuelas especiales cuando estalló la Guerra Civil libanesa. Algunos centros tuvieron que cerrar y muchos alumnos regresaron a sus pueblos con sus familias. Pasaron de un entorno conocido y relativamente protegido a enfrentarse a bombardeos, desplazamientos e incertidumbre.
Para una persona con discapacidad visual, una guerra no significa solamente escuchar explosiones.
Significa que el camino aprendido puede desaparecer.
Una calle conocida queda bloqueada. Un edificio deja de existir. Una referencia sonora desaparece. La familia tiene que marcharse deprisa y llegar a un refugio que nunca has recorrido. Quizá no sabes dónde están las escaleras, el baño o la salida y vuelves a depender de otra persona en un momento en el que todo el mundo intenta sobrevivir.
Las barreras que en tiempos de paz dificultan la autonomía pueden convertirse entonces en un problema de seguridad.
Durante la escalada de 2024, organizaciones internacionales tuvieron que localizar en los refugios a miles de niños y adultos con discapacidad que necesitaban productos de apoyo, terapias o derivaciones. Pero la guerra tiene otra consecuencia que a veces olvidamos. No solo empeora la vida de quien ya tiene una discapacidad. También crea nuevas discapacidades.
La explosión del puerto de Beirut
El 4 de agosto de 2020 una enorme explosión en el puerto de Beirut sacudió la ciudad y dejó miles de heridos.
Cuando yo llegué tres años después, sus consecuencias seguían formando parte de la memoria de Beirut. Entre las lesiones documentadas hubo traumatismos oculares graves provocados por cristales, metralla y la onda expansiva. En un estudio del American University of Beirut Medical Center, más de la mitad de los pacientes con lesiones oculares incluidos necesitaron cirugía y algunos sufrieron pérdidas visuales muy graves.
Y esa es una parte de la discapacidad visual de la que se habla poco. La persona que no nace ciega, sino que pierde la visión repentinamente y tiene que aprender desde cero a relacionarse con el mundo.
Después vienen la rehabilitación, la orientación y movilidad, el apoyo psicológico y el aprendizaje de una nueva forma de desenvolverse. Todo ello en una ciudad que ya tenía importantes barreras de accesibilidad.
Después de mi viaje: las explosiones de los buscapersonas
Cuando estuve en Líbano en agosto de 2023 nada de esto había ocurrido todavía.
El 17 de septiembre de 2024 miles de buscapersonas cargados con explosivos detonaron de forma casi simultánea en diferentes puntos del país. El patrón de lesiones fue especialmente grave para ojos, rostro y manos porque muchos dispositivos estaban cerca de la cara cuando explotaron.
Los estudios médicos publicados posteriormente documentaron lesiones oculares bilaterales, heridas abiertas del globo ocular, cuerpos extraños y casos de pérdida completa de visión. Uno de los estudios realizados en Beirut encontró lesiones en ambos ojos en el 74 % de los pacientes examinados y cinco personas llegaron al hospital sin percepción de luz en ninguno de los dos ojos.
Un año después, la OMS reforzó en Líbano la formación sobre baja visión y rehabilitación en contextos de conflicto. Más de 50 optometristas participaron en la formación y se entregaron al Ministerio de Salud más de 200 ayudas visuales para adultos y niños con discapacidad visual.
Ahí aparece de nuevo el mismo problema que Amer me había explicado antes de aquellos ataques. Un país que ya tenía dificultades para disponer de suficientes profesionales en rehabilitación visual tuvo que enfrentarse a nuevas personas que habían perdido parcial o totalmente la visión.
Vivir una guerra cuando ya tienes una discapacidad
Quizá esta sea la parte más difícil de medir.
Las estadísticas cuentan muertos, heridos y desplazados, pero explican mucho peor lo que ocurre cuando una persona ciega tiene que abandonar su casa, pierde sus referencias o ve interrumpida una rehabilitación.
Una evacuación puede significar llegar a un lugar desconocido sin referencias. Un refugio puede no ser accesible. Una familia puede perder el producto de apoyo que utilizaba uno de sus miembros. Un servicio sanitario puede dejar de funcionar justo cuando más se necesita.
La bomba puede caer sobre todos, pero no todos disponen de las mismas herramientas para escapar, orientarse, acceder a un refugio o reconstruir su vida después.
Una historia que todavía no ha terminado
Y esta realidad no pertenece únicamente al pasado.
En agosto de 2026 Israel continúa realizando ataques sobre territorio libanés, especialmente en el sur, y mantiene presencia militar en parte de esa zona. El 15 de agosto nuevos ataques israelíes en el sur dejaron al menos 11 muertos, entre ellos niños.
Los altos el fuego han reducido la intensidad de los combates en determinados momentos, pero no han permitido regresar a todas las familias. Decenas de miles de personas continúan desplazadas porque sus viviendas han sido destruidas o porque sus localidades siguen siendo inseguras.
Y para una persona con discapacidad visual, volver tampoco significa necesariamente recuperar la vida que tenía antes.
Puede regresar y descubrir que su casa ya no existe, que la calle que conocía ha cambiado o que las referencias que utilizaba para orientarse han desaparecido.
Por eso hablar de discapacidad visual en Líbano no es hablar únicamente de accesibilidad, bastones blancos o educación inclusiva. Es hacerlo también de personas que han tenido que aprender a desenvolverse en un país donde, demasiadas veces, cuando empiezan a reconstruir su entorno, la guerra vuelve a cambiarlo todo.
Discapacidad visual en Líbano: mucho más que no poder ver
Después de tres semanas bastoneando Líbano entendí que hablar de discapacidad visual allí era hablar de mucho más que de ceguera.
Amer y las chicas de la asociación me ayudaron a comprender una realidad que yo ya había empezado a sentir caminando por Beirut. Muchas veces la falta de autonomía no está en la persona, sino en todo lo que la rodea. Está en una acera imposible, en un cruce inseguro, en una sociedad que todavía desconoce el significado de un bastón blanco o en la falta de profesionales que enseñen a utilizarlo.
Después llegó Shatila y comprendí que, cuando a una discapacidad se suman el desplazamiento, la pobreza o la condición de refugiado, las barreras pueden hacerse todavía mayores.
Y está la guerra. Una guerra que obliga a quien ya tiene una discapacidad a enfrentarse a un entorno que cambia de un día para otro y que, al mismo tiempo, deja tras de sí nuevas personas que tendrán que aprender a vivir con una discapacidad que antes no tenían.
Por eso, cuando recuerdo Líbano, no pienso solamente en las dificultades que encontré. Pienso sobre todo en las personas que conocí intentando cambiar esa realidad con muy pocos recursos.
Porque al final la autonomía de una persona ciega no depende solo de lo que sea capaz de hacer por sí misma, sino también de la sociedad, de los recursos que tenga a su alcance y, en un país como Líbano, de que una guerra no transforme de un día para otro el entorno en el que había aprendido a desenvolverse.
Fuentes y bibliografía sobre discapacidad visual en Líbano
Los testimonios de Amer Makarem, director de la Youth Association of the Blind, proceden de la entrevista personal que le realicé en Beirut durante mi viaje por Líbano en agosto de 2023. Mis propias experiencias sobre accesibilidad, movilidad con bastón, Beirut y el campo de refugiados palestinos de Shatila corresponden también a ese mismo viaje.
El resto de la información, especialmente los datos estadísticos, médicos e institucionales y las actualizaciones posteriores a 2023, ha sido contrastado y actualizado mediante las fuentes indicadas en este artículo.
Estas fuentes se han utilizado especialmente para actualizar la información sobre discapacidad visual en Líbano, educación inclusiva, refugiados palestinos con discapacidad, Shatila, rehabilitación visual y las consecuencias de los conflictos armados sobre las personas ciegas o con baja visión.
- Estudio nacional histórico sobre ceguera y baja visión en Líbano
- UNICEF — Política Nacional de Educación Inclusiva en Líbano
- UNICEF — Día Internacional de las Personas con Discapacidad 2023
- UNRWA — Shatila Camp
- Children and Youth Center — Shatila
- Estudio médico sobre lesiones oculares tras la explosión del puerto de Beirut
- Estudio médico sobre lesiones oculares por explosiones de buscapersonas
- OMS — Rehabilitación y discapacidad en Líbano
Preguntas frecuentes sobre discapacidad visual en Líbano
¿Cuántas personas con discapacidad visual hay en Líbano?
No existe un censo nacional reciente que permita saber con precisión cuántas personas ciegas o con baja visión viven en Líbano. Los estudios disponibles son antiguos, por lo que utilizarlos como fotografía de la situación actual sería poco riguroso.
¿Cómo es la accesibilidad de Beirut para una persona ciega?
Beirut presenta importantes barreras para desplazarse con discapacidad visual. Aceras deterioradas u ocupadas, tráfico intenso, cruces complicados y escasez de pavimento táctil dificultan la movilidad independiente. A ello se suma, según me explicaron en la asociación, una insuficiente educación social sobre la discapacidad visual y el significado del bastón blanco.
¿Por qué muchas personas ciegas no utilizan bastón blanco en Líbano?
Según me explicó Amer Makarem durante nuestra entrevista, aproximadamente el 90 % no utilizaba bastón blanco en 2023. No existe una estadística nacional que confirme ese porcentaje. Amer señalaba dos causas principales, la falta de educación social sobre el bastón blanco y la escasez de profesionales de orientación y movilidad y de formadores especializados.
¿Pueden los niños con discapacidad visual estudiar en escuelas ordinarias de Líbano?
Sí, aunque todavía existen dificultades. Líbano aprobó en 2023 su Política Nacional de Educación Inclusiva y el programa siguió creciendo hasta alcanzar 180 escuelas públicas inclusivas en 2025.
¿Cuántos refugiados palestinos con discapacidad viven en Líbano?
No existe una cifra actual exacta. En 2020 una red de 14 organizaciones palestinas registró 7.560 palestinos con discapacidad en Líbano. Es un dato útil como referencia, pero no representa la situación actual de 2026.
¿Cómo se atiende a un refugiado palestino con discapacidad en Shatila?
La discapacidad puede detectarse a través de organismos internacionales, escuelas, centros sanitarios u ONG comunitarias. Cuando requiere atención especializada, la persona puede ser derivada a organizaciones específicas. Amer me explicó que menores con discapacidad visual podían llegar así hasta su asociación para recibir apoyo en adaptación y educación.
¿Cómo afecta una guerra a una persona con discapacidad visual?
Una guerra puede destruir las referencias que una persona ciega utiliza para orientarse, obligarla a desplazarse a lugares desconocidos e interrumpir su rehabilitación o atención sanitaria. Además, los bombardeos y explosiones pueden provocar nuevas discapacidades visuales, como ha ocurrido en los recientes conflictos de Líbano.
¿Ha mejorado la atención a las personas con discapacidad visual en Líbano?
Se han producido avances en educación inclusiva y rehabilitación visual, incluida nueva formación de profesionales. Sin embargo, siguen existiendo importantes barreras de accesibilidad, falta de recursos y profesionales especializados, agravadas además por los conflictos armados.