Discapacidad visual en Venezuela
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Discapacidad visual en Venezuela: entre las leyes, la falta de medios y la fuerza de las familias
Venezuela es un país difícil de explicar únicamente con cifras. Durante los 40 días que viajé por Venezuela en 2023 encontré un territorio inmensamente rico en naturaleza, cultura y, sobre todo, humanidad, pero también un país marcado por una crisis que durante años ha golpeado los servicios públicos y ha hecho todavía más complicada la vida de quienes necesitan apoyos específicos.
Como persona con discapacidad visual, una de mis prioridades era conocer cómo vivían otras personas ciegas o con baja visión. Quería saber qué recursos tenían, cómo se desplazaban, qué posibilidades encontraban para rehabilitarse y alcanzar una mayor autonomía y, sobre todo, escuchar directamente a quienes convivían con esa realidad.
Mi contacto con personas con discapacidad visual se concentró en Caracas, Punto Fijo y Churuguara. Sin embargo, recorrer zonas rurales y llegar hasta lugares tan aislados como Canaima me permitió comprender algo fundamental: hablar de discapacidad visual en Venezuela no significa hablar de una única realidad. Cuanto más nos alejamos de los principales núcleos urbanos, más complicado puede resultar acceder a especialistas, rehabilitación, ayudas técnicas o determinados servicios básicos.
Caracas: algunos avances en accesibilidad dentro de una ciudad complicada
Caracas fue el lugar donde encontré más elementos de accesibilidad. En determinadas zonas céntricas pude caminar sobre pequeños recorridos de pavimento podotáctil y encontré placas metálicas con información en braille en algunas intersecciones. También comprobé que numerosos pasos de peatones tenían los bordillos rebajados.
Eran avances que merecían ser reconocidos, pero bastaba continuar caminando para descubrir las contradicciones. Muchas aceras estaban deterioradas, ocupadas por obstáculos o vegetación y, en algunos puntos, su estado convertía un desplazamiento aparentemente sencillo en algo bastante complicado para alguien que utiliza bastón. Durante aquellos días estuve incluso a punto de introducir el pie en varias alcantarillas sin tapa.
Para una persona ciega, la accesibilidad no consiste únicamente en instalar unos metros de pavimento podotáctil. Necesitamos continuidad. De poco sirve disponer de una ruta accesible si unos metros después aparecen agujeros, vehículos o cualquier otro obstáculo que obliga a improvisar.
Fue también en Caracas donde conocí a Orlando Abreu, una de las personas que más me ayudó a comprender esta realidad. Orlando conoce la discapacidad desde su propia experiencia y lleva años trabajando, junto a todo su equipo en el municipio de Baruta, para atender y buscar soluciones a las necesidades de personas con discapacidad de distintas parroquias de Caracas.
A través de él pude comprobar que Venezuela cuenta con leyes, instituciones y organismos destinados a proteger a las personas con discapacidad, pero también que existe una enorme falta de medios para convertir esos derechos en una ayuda real y continuada. Esa carencia puede significar no disponer de una rehabilitación adecuada, no tener acceso cercano al braille o no recibir la formación necesaria para aprender a desenvolverse con mayor independencia. Ante esa brecha, son muchas veces las asociaciones independientes, trabajadores locales y familias quienes hacen todo lo posible por cubrir aquello a lo que las instituciones no consiguen llegar.
Punto Fijo y Churuguara: cuando los recursos empiezan a desaparecer
Alejarme de Caracas hizo esa diferencia todavía más evidente. En Punto Fijo y especialmente en Churuguara conocí personas y familias para las que conceptos como rehabilitación, orientación y movilidad, ayudas técnicas o acceso continuado a especialistas podían convertirse en algo difícil de conseguir.
En Churuguara conocí a Anaurín. Su historia me mostró hasta qué punto la familia puede terminar ocupando el espacio que deberían compartir profesionales, instituciones y servicios especializados.
Cuando aparece una discapacidad visual no basta con recibir un diagnóstico. Una persona puede necesitar aprender nuevamente a desplazarse, utilizar un bastón, manejar tecnología accesible o recuperar la seguridad suficiente para salir sola a la calle.
En Venezuela existen centros e instituciones que trabajan en estos ámbitos. Lo que mi viaje me mostró es que los materiales y medios disponibles para la rehabilitación son insuficientes y que el acceso a esos recursos no es igual para todos.
Valentina: cuando la familia se convierte en la principal red de apoyo
En Caracas conocí también a Natalia y José, padres de Valentina, una niña con baja visión que terminó convirtiéndose en una de las personas más especiales de todo mi viaje.
Fue Natalia quien contactó conmigo a través de Instagram. Le iba contando a Valentina mis viajes y aventuras por el mundo y aquella pequeña quería conocerme porque, de alguna manera, me había convertido para ella en una motivación. Quedamos en el Parque del Este y aquel encuentro terminó siendo completamente diferente de lo que esperaba.
Porque fui yo quien salió de allí motivado.
Conocer a Valentina y ver cómo su familia estaba a su lado puso rostro a muchas de las cosas sobre las que llevaba días preguntando. Natalia y José representan para mí a esas familias que buscan información, acompañan y hacen todo lo posible para que sus hijos tengan oportunidades y puedan desarrollarse con la mayor autonomía posible.
Pero una familia no debería verse obligada a convertirse por necesidad en rehabilitadora, profesora de braille o especialista en orientación y movilidad. El cariño puede sostener muchísimo, pero no puede sustituir un sistema adecuado de rehabilitación.
Leyes e instituciones: el derecho existe sobre el papel
Sería injusto afirmar que Venezuela carece de legislación sobre discapacidad. En 2024 entró en vigor la Ley Orgánica para la Inclusión, Igualdad y Desarrollo Integral de las Personas con Discapacidad, una normativa de 112 artículos que reconoce derechos relacionados con accesibilidad, transporte, atención integral y adaptación de espacios públicos, entre otros ámbitos.
También existe el Consejo Nacional para las Personas con Discapacidad (CONAPDIS), que desde finales de 2024 mantiene un acuerdo de cooperación con el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo para trabajar en cuestiones como accesibilidad, sensibilización y mejora de la información estadística.
El problema que encontré no fue la ausencia absoluta de leyes o instituciones, sino la distancia entre esos derechos y los medios disponibles para hacerlos efectivos. Esa es mi valoración después de escuchar a personas con discapacidad y a sus familias: existen derechos y personas trabajando por la inclusión, pero faltan recursos económicos, profesionales y materiales suficientes para convertirlos en una ayuda continuada y accesible.
Asociaciones y centros para personas ciegas en Venezuela
La investigación realizada para actualizar mi experiencia de 2023 también me permitió descubrir una red asociativa mayor de la que pude conocer durante aquellos 40 días.
La Federación Venezolana de Instituciones de Ciegos (FEVIC) agrupa, según la Fundación ONCE para América Latina (FOAL), a 28 organizaciones. Entre sus ámbitos de actuación aparecen el braille, materiales adaptados, tecnologías accesibles, orientación laboral, capacitación para el empleo y defensa de derechos.
A ellas se suman los Centros de Atención Integral para Personas con Deficiencias Visuales (CAIDV) y otros recursos especializados.
Su trabajo merece ser reconocido, pero un centro o una asociación necesita profesionales, materiales y financiación. Además, la persona tiene que poder llegar hasta allí. Para quien vive lejos de los principales núcleos urbanos, el transporte, la distancia y el coste añaden nuevas barreras.
Educación, acceso a materiales adaptados, tecnología y empleo forman también parte de la inclusión. No voy a desarrollar aquí cada uno de estos problemas porque merecerían un análisis propio, pero la conclusión es la misma: conseguir autonomía requiere oportunidades y medios, no solamente voluntad personal.
Misión Milagro: prevenir una ceguera evitable
La discapacidad visual también obliga a diferenciar una pérdida de visión permanente de enfermedades oculares que pueden tratarse antes de provocar una discapacidad.
Venezuela cuenta desde 2004 con Misión Milagro, un programa nacido de la cooperación con Cuba para facilitar atención oftalmológica y cirugías gratuitas a personas que necesitan determinados tratamientos y que continúa realizando intervenciones.
Pero debemos distinguir este tipo de atención de la rehabilitación. Operar unas cataratas y enseñar a una persona con una ceguera irreversible a recuperar su autonomía son necesidades diferentes. Una intervención puede recuperar visión cuando existe una patología tratable; una persona que seguirá siendo ciega o tendrá baja visión necesita orientación y movilidad, tecnología accesible, braille cuando resulte necesario y herramientas para desenvolverse de manera independiente.
La discapacidad visual lejos de las grandes ciudades
Viajar por zonas rurales y llegar hasta el Parque Nacional Canaima me permitió comprender hasta qué punto la distancia puede convertirse en otra barrera.
En Canaima no conocí personalmente a ninguna persona con discapacidad visual y, por tanto, no puedo contar cómo vive allí alguien ciego o con baja visión. Lo que sí pude comprobar fueron las dificultades para acceder a determinados servicios médicos, los transportes limitados y costosos y las enormes distancias que pueden separar a una comunidad de la atención especializada.
Todavía en 2025, médicos y otros profesionales sanitarios enviados por el Ministerio de Salud de Venezuela, con el apoyo técnico y logístico de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y dentro de una iniciativa respaldada por el Gobierno de Canadá, tuvieron que realizar expediciones por vía fluvial para llegar hasta algunas de las comunidades indígenas más remotas del estado Amazonas. Allí realizaron consultas y buscaron casos de tracoma, una enfermedad infecciosa que, sin tratamiento, puede llegar a provocar ceguera.
Estos programas demuestran que existe un esfuerzo de las instituciones venezolanas por llevar atención sanitaria hasta territorios aislados, pero también muestran una realidad que no podemos ignorar: los medios disponibles no son suficientes para cubrir todas las necesidades. La participación de organismos internacionales y la cooperación exterior resultan fundamentales para desarrollar algunos de estos proyectos y, aun con ese apoyo, garantizar una atención especializada, permanente y continuada sigue siendo extraordinariamente complicado.
Si para realizar determinadas consultas es necesario organizar expediciones sanitarias por río con cooperación internacional, resulta fácil comprender las dificultades de una persona con discapacidad visual que necesite acudir regularmente a rehabilitación, aprender orientación y movilidad, acceder al braille o simplemente visitar a un especialista.
La ayuda existe y hay personas trabajando para que llegue, pero continúa siendo insuficiente para muchas personas que viven en estos territorios.
Orlando, Valentina y los hermanos Velasco: las personas detrás de este viaje
Hablar de discapacidad visual solamente desde las leyes, estadísticas y carencias sería contar únicamente una parte de la historia.
Orlando y su equipo en Baruta me enseñaron el valor de quienes trabajan cada día intentando encontrar soluciones. Valentina me recordó que la motivación puede viajar en sentido contrario al que uno esperaba. Y los hermanos Velasco, una familia de luchadores y amantes de la vida que durante 24 horas me hicieron sentir como un hermano más, volvieron a mostrarme la importancia de las personas que tienes alrededor cuando los recursos escasean.
No quiero romantizar esa situación. Que las familias sean capaces de cubrir muchas carencias habla maravillas de ellas, pero no debería servir como excusa para aceptar que falten recursos profesionales.
Después de 40 días recorriendo Venezuela, esa es probablemente la imagen que mejor resume lo que encontré: un país con leyes, instituciones y personas dispuestas a ayudar, pero con una enorme distancia entre los derechos reconocidos y los recursos reales disponibles para convertirlos en independencia y autonomía.
Fuentes y actualización: Buena parte de este artículo nace de lo que viví durante mis 40 días recorriendo Venezuela en 2023 y de los testimonios de personas con discapacidad visual y sus familias. Para actualizar y contrastar esa experiencia hasta 2026 he consultado principalmente información de la Organización Panamericana de la Salud (OPS/OMS), el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), la Fundación ONCE para América Latina (FOAL) y fuentes oficiales venezolanas.
Preguntas frecuentes sobre discapacidad visual en Venezuela
¿Qué ayudas existen para las personas con discapacidad visual en Venezuela?
Venezuela cuenta con organismos públicos, CAIDV y asociaciones vinculadas a FEVIC que trabajan en rehabilitación, braille, educación y autonomía. Sin embargo, los recursos son insuficientes y muchos servicios afrontan carencias de profesionales, materiales y medios. Además, acceder a ellos puede ser mucho más complicado fuera de las grandes ciudades.
¿Es accesible Venezuela para una persona ciega o con baja visión?
La accesibilidad es muy desigual. En algunas zonas de Caracas encontré pavimento podotáctil, rebajes de aceras y elementos accesibles, pero también aceras deterioradas, obstáculos y alcantarillas abiertas. Fuera de las grandes ciudades, las infraestructuras, el transporte y la distancia hasta servicios especializados añaden dificultades.
¿Dónde puede aprender braille o recibir rehabilitación una persona ciega en Venezuela?
Existen CAIDV y asociaciones que trabajan con braille, orientación y movilidad, autonomía y tecnologías accesibles. El problema es que los profesionales, materiales y recursos son limitados y no están al alcance de todos por igual, especialmente lejos de los principales núcleos urbanos.
¿Cuántas personas ciegas o con discapacidad visual hay en Venezuela?
No existe una cifra nacional reciente suficientemente fiable. El último censo nacional completo es de 2011 y las cifras manejadas por algunas organizaciones corresponden a personas atendidas o asociadas, por lo que no representan necesariamente a toda la población con discapacidad visual.
¿Qué dificultades tienen las personas con discapacidad visual en las zonas rurales e indígenas de Venezuela?
La distancia, el transporte, la escasez de especialistas y la falta de servicios continuados agravan las dificultades. En 2025 fueron necesarias expediciones fluviales dentro de una iniciativa del Ministerio de Salud venezolano, la OPS y el Gobierno de Canadá para llegar a comunidades indígenas remotas del Amazonas.