Discapacidad visual en Colombia

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Discapacidad visual en Colombia: accesibilidad, inclusión y mi experiencia viajando

Llegué a Colombia en Octubre de 2022 con mi bastón y con una pregunta que iba mucho más allá de conocer el país: quería conocer de primera mano la realidad de la discapacidad visual en Colombia y saber cómo era realmente vivir allí siendo una persona ciega o con baja visión.

Durante mi viaje recorrí grandes ciudades, pueblos, zonas rurales y comunidades indígenas. Hablé con personas ciegas y con baja visión, conocí asociaciones que trabajan por la inclusión y comprobé personalmente la accesibilidad del transporte, los museos y, sobre todo, de las calles.

Lo que encontré fue un país lleno de contrastes.

Colombia cuenta con instituciones especializadas, proyectos de inclusión y algunos ejemplos de accesibilidad que me sorprendieron positivamente. Pero basta alejarse de esos espacios para encontrarse otra realidad: aceras prácticamente imposibles de bastonear, dificultades para acceder al empleo y una brecha enorme entre las grandes ciudades y determinadas zonas rurales.

Esa distancia se hace todavía mayor en algunos territorios indígenas remotos, como pude comprobar personalmente en el Trapecio Amazónico.

Tres años después de aquel viaje, Colombia ha avanzado considerablemente en sus leyes de inclusión. Sin embargo, cuando se comparan esos avances con los datos actuales aparece una pregunta inevitable: ¿han cambiado las leyes más rápido que la realidad?.

Viajando con discapacidad visual y bastón por Colombia
Viajando con discapacidad visual y bastón por Colombia

La realidad de la discapacidad visual en Colombia

Colombia dispone de una institución pública especializada exclusivamente en esta materia: el Instituto Nacional para Ciegos (INCI).

El INCI trabaja en ámbitos como educación, empleo, accesibilidad, tecnología, cultura y participación social de las personas ciegas y con baja visión. También desarrolla acciones relacionadas con el braille, el acceso a la información y el asesoramiento a entidades públicas y privadas.

Su existencia marca una diferencia importante respecto a otros países que he recorrido, especialmente aquellos donde prácticamente toda la responsabilidad de atender a las personas con discapacidad visual recae sobre las familias o pequeñas organizaciones.

Pero una cosa es disponer de instituciones y leyes y otra conseguir que sus recursos lleguen por igual a todo el territorio.

Eso fue precisamente lo que fui descubriendo mientras avanzaba por Colombia.

INCI, CRAC y asociaciones para personas ciegas en Colombia

Junto al INCI existen organizaciones como el Centro de Rehabilitación para Adultos Ciegos (CRAC), que lleva décadas trabajando para mejorar la autonomía de personas ciegas y con baja visión mediante rehabilitación, orientación y movilidad, tecnología y actividades de la vida diaria.

Pero durante mi viaje también pude conocer el trabajo de organizaciones mucho más pequeñas, con menos recursos y una relación mucho más cercana con las personas a las que ayudan.

En Medellín conocí la Unión Antioqueña de Personas con Discapacidad Visual. Me encontré con una organización humilde, pero con personas que trabajan muy duro por mejorar la autonomía y las oportunidades de quienes tienen discapacidad visual. Además de la formación y el acompañamiento, participan activamente en la defensa de sus derechos y tratan de hacerse escuchar ante las administraciones locales para avanzar en inclusión, accesibilidad e igualdad.

Su trabajo demuestra que la inclusión no depende únicamente de las grandes instituciones. También necesita organizaciones locales que conozcan los problemas cotidianos de las personas ciegas y con baja visión y que puedan trasladar esas necesidades a quienes toman las decisiones.

Personas con discapacidad visual y asociaciones de inclusión en Colombia
Personas con discapacidad visual y asociaciones de inclusión en Colombia

En Cali conocí una realidad parecida con ASOLVI, una asociación que trabaja con recursos limitados para ofrecer oportunidades y apoyo a niños y jóvenes con discapacidad visual. Allí volví a encontrar algo que se repetiría durante mi viaje: detrás de muchos avances existen pequeñas asociaciones, familias y profesionales que trabajan diariamente para conseguir recursos y abrir puertas que todavía permanecen cerradas.

Conocer personalmente estas organizaciones me permitió entender mejor las diferentes capas de la inclusión en Colombia. El INCI desarrolla políticas y estrategias a escala nacional; el CRAC tiene una larga experiencia en rehabilitación especializada; mientras que organizaciones como la Unión Antioqueña y ASOLVI realizan un trabajo mucho más cercano sobre el terreno.

Todas son necesarias. Porque una ley puede reconocer un derecho, pero después hacen falta personas y organizaciones que trabajen para que ese derecho llegue realmente a quien lo necesita.

En mi relato sobre Cali y el Cauca cuento con más detalle aquella parte del viaje.

Accesibilidad para personas con discapacidad visual en Colombia

En las principales ciudades encontré avances importantes en el transporte público.

Medellín fue probablemente el ejemplo que más me sorprendió. Moverme por su sistema de metro y metrocable resultaba relativamente sencillo gracias a los ascensores, la organización de las estaciones y la ayuda del personal.

En Bogotá encontré una realidad diferente. TransMilenio cuenta con medidas de accesibilidad, pero la enorme cantidad de usuarios, el ruido y el movimiento constante pueden hacer que desplazarse sea bastante más complejo para una persona con discapacidad visual.

Sin embargo, mi principal problema en Colombia no fueron los metros ni los autobuses.

Fueron las aceras.

Moverme con bastón por las ciudades colombianas

Caminar con bastón por Bogotá, Medellín, Cali o Bucaramanga podía convertirse rápidamente en una gymkana.

Coches y motos ocupando los andenes, vendedores ambulantes, obstáculos inesperados y alcantarillas abiertas hacían que tuviera que mantener permanentemente la atención. En alguna ocasión llegué a sentirme más seguro caminando por la calzada que utilizando determinadas aceras.

Y eso refleja uno de los grandes problemas de la accesibilidad.

Una ciudad puede disponer de un transporte público adaptado o de un museo accesible, pero si una persona ciega no puede desplazarse con seguridad desde su casa hasta esos lugares, la cadena de accesibilidad se rompe.

Esta fue precisamente una de las sensaciones que tuve durante mi viaje por Bogotá.

Discapacidad visual y población indígena: mi experiencia en Silvia

Uno de los encuentros más interesantes relacionados específicamente con la discapacidad visual ocurrió en Silvia, en el departamento del Cauca.

Allí conocí a Alfonso, un hombre ciego que terminó presentándome a otras personas con discapacidad visual de Silvia y de algunas zonas cercanas. Entre ellas había personas pertenecientes al pueblo Misak.

Aquellos encuentros me permitieron acercarme a una realidad diferente de la que había encontrado en Bogotá, Medellín o Cali. Cuando a la discapacidad se añaden la ruralidad y la distancia respecto a determinados servicios especializados, las oportunidades pueden cambiar considerablemente.

Personas con discapacidad visual de la comunidad Misak en Silvia
Personas con discapacidad visual de la comunidad Misak en Silvia

Pero tampoco sería justo utilizar mi experiencia para hablar de una única realidad indígena. Los pueblos indígenas de Colombia tienen culturas, lenguas, territorios y circunstancias muy diferentes. Ser Misak en el Cauca no significa vivir la misma realidad que una persona indígena del Amazonas.

Por eso prefiero hablar de las personas concretas que conocí.

Alfonso y aquel grupo me mostraron que la discapacidad visual también estaba presente en esos territorios y me hicieron preguntarme algo que posteriormente encontraría de una manera mucho más dura en el Amazonas: ¿qué sucede cuando los servicios especializados están a muchas horas de distancia?

En mi convivencia con la comunidad Misak en Silvia, Cauca cuento con más detalle aquel encuentro.

Discapacidad en las comunidades indígenas del Amazonas

Fue en las comunidades indígenas del Trapecio Amazónico donde conocí la cara más dura de la discapacidad durante mi viaje por Colombia.

Y aquí es importante hacer una distinción: ya no estoy hablando exclusivamente de discapacidad visual, sino de discapacidad en general.

En comunidades como Mocagua o San Martín de Amacayacú pude convivir con sus habitantes y conocer personalmente diferentes situaciones. Encontré una adolescente con una discapacidad física grave que necesitaba ayuda para prácticamente todo, tres hermanos sordos sin acceso adecuado a la educación y una niña con síndrome de Down que no contaba con los apoyos especializados que necesitaba.

Allí comprendí que hablar de accesibilidad significaba algo completamente diferente.

En Medellín podía preguntarme si una estación era accesible. En medio del Amazonas la pregunta podía ser mucho más básica: ¿cómo llega una persona con discapacidad hasta un médico o un especialista cuando vive en una comunidad a la que solo se puede acceder después de horas navegando por el río?

Las distancias son enormes y buena parte de los desplazamientos dependen del transporte fluvial. Cuando una familia tiene pocos recursos, salir de la comunidad para recibir atención sanitaria, educativa o especializada puede convertirse en otra barrera.

Tres años después de mi viaje, sabemos que este problema continúa existiendo.

Comunidad indígena del Trapecio Amazónico en Colombia
Comunidad indígena del Trapecio Amazónico en Colombia

En febrero de 2026, la Defensoría del Pueblo identificó 105 personas con discapacidad en Puerto Nariño y solamente tres tenían certificado oficial de discapacidad. La institución alertó de las barreras que esta población continúa encontrando para acceder a salud, educación y protección social.

El problema, por tanto, no consiste únicamente en crear ayudas. Primero hay que conseguir que las personas que las necesitan sean identificadas y que los servicios puedan llegar hasta ellas.

En territorios remotos todavía existen personas con discapacidad que no aparecen correctamente en los registros oficiales. La dispersión geográfica, las enormes distancias y las dificultades de transporte complican que las administraciones puedan alcanzar determinadas comunidades.

Y esto cambia completamente el significado de la palabra inclusión.

Antes de hablar de braille, pavimento podotáctil o aplicaciones accesibles, hay lugares donde la inclusión comienza por conseguir que una persona pueda llegar a un centro sanitario, recibir educación o disponer de los apoyos básicos necesarios para desarrollar su vida.

También existen avances y esfuerzos institucionales por acercar los servicios públicos a estos territorios. Pero la diferencia respecto a las grandes ciudades continúa siendo enorme.

Lo que encontré recorriendo estas comunidades en 2023 me hizo entender que la discapacidad nunca puede analizarse aislada del lugar donde vive una persona. Cuando a una discapacidad se suman aislamiento geográfico, pocos recursos y falta de servicios básicos, las barreras se multiplican.

En mi viaje por el Amazonas colombiano cuento con más detalle lo que viví en estas comunidades.

Inclusión laboral de las personas con discapacidad en Colombia

El empleo fue otro de los temas sobre los que quise preguntar durante mi viaje.

Cuando llegué a Colombia en enero de 2023 hablé con diferentes personas ciegas y con baja visión. Mi impresión fue que existía una distancia considerable entre lo que establecían las instituciones y las oportunidades que realmente encontraban muchas personas.

Había programas, legislación e iniciativas de inclusión, pero continuaban apareciendo prejuicios empresariales, puestos poco adaptados y dificultades para acceder a trabajos acordes con la formación de cada persona.

Desde entonces, Colombia ha dado pasos importantes.

Entre 2023 y 2026 se han reforzado las medidas destinadas a favorecer la incorporación de personas con discapacidad al mercado laboral. La reforma laboral de 2025 introdujo además uno de los cambios más importantes de los últimos años: determinadas empresas privadas con 100 o más trabajadores deben incorporar un número mínimo de personas con discapacidad.

El INCI también trabaja directamente con empresas y administraciones, ofreciendo asesoramiento para adaptar puestos de trabajo, realizar procesos de selección y contratación y hacer un seguimiento posterior de la incorporación de trabajadores ciegos o con baja visión.

Por tanto, el marco legal de 2026 es más favorable que el que encontré cuando llegué a Colombia en 2023.

Pero las leyes avanzan más rápido que la realidad.

Según los datos del DANE correspondientes a marzo-mayo de 2026, la tasa de ocupación de las personas con discapacidad fue del 18,4 %, frente al 61,6 % de las personas sin discapacidad. La diferencia alcanza los 43,2 puntos porcentuales.

Estas estadísticas corresponden al conjunto de personas con discapacidad y no exclusivamente a personas ciegas o con baja visión, algo que considero importante aclarar.

Por eso creo que Colombia ha avanzado considerablemente en legislación durante estos últimos años. Ahora el verdadero desafío es conseguir que esos derechos y oportunidades que existen sobre el papel se traduzcan también en puestos de trabajo y en una inclusión real.

Museos accesibles para personas ciegas en Colombia

Si las calles fueron una de mis grandes decepciones, la cultura me ofreció algunas de las mejores experiencias de accesibilidad del viaje.

En Bogotá pude visitar el Museo del Oro y acercarme a algunas de sus piezas mediante recursos que permiten una experiencia más táctil y accesible.

En Medellín encontré otro buen ejemplo en Parque Explora, con diferentes recursos que permiten acercarse a la ciencia de una manera más accesible.

Pero una de las experiencias que más recuerdo fue La Rueda Flotante.

Experiencia cultural accesible para personas ciegas en BOGOTA
Experiencia cultural accesible para personas ciegas en BOGOTA

En su Casa Sensorial, actores ciegos protagonizan experiencias teatrales en oscuridad donde el espectador tiene que dejar de depender de la vista y empezar a utilizar el oído, el tacto y el resto de los sentidos.

Para alguien como yo, que precisamente viaja intentando comprender los lugares a través de todos los sentidos, aquella propuesta tenía un significado especial.

No se trataba únicamente de adaptar una actividad para que pudiera participar una persona ciega. La discapacidad visual formaba parte de la propia creación artística.

Ese cambio de perspectiva me parece mucho más interesante.

Educación social y discapacidad: la barrera pendiente

Después de recorrer Colombia terminé convencido de que algunas de las barreras más difíciles de eliminar no tienen nada que ver con una escalera o una acera.

Tienen que ver con cómo mira la sociedad a la discapacidad.

Durante el viaje encontré personas que no sabían qué significaba mi bastón, otras que confundían discapacidad visual con ceguera absoluta y situaciones en las que todavía aparecía esa idea de que una persona con discapacidad necesita permanentemente que alguien decida o haga las cosas por ella.

Una ley puede obligar a una empresa a contratar. Un ascensor puede hacer accesible una estación. Una aplicación puede leer una pantalla.

Cambiar una forma de pensar necesita mucho más tiempo.

Y posiblemente ahí esté uno de los grandes desafíos de Colombia para los próximos años: conseguir que los avances legislativos vayan acompañados de un cambio social equivalente.

Discapacidad e inclusión en Colombia: qué ha cambiado hasta 2026

Cuando pienso en la discapacidad en Colombia sigo viendo el mismo país de contrastes que recorrí con mi bastón en 2023.

Veo el metro de Medellín y los museos accesibles. Veo al INCI, al CRAC, a ASOLVI, a la Unión Antioqueña y a tantas personas trabajando por conseguir una sociedad más inclusiva.

Pero también recuerdo aquellas aceras imposibles.

Recuerdo a Alfonso y a las personas con discapacidad visual que conocí en Silvia.

Y, sobre todo, recuerdo el Amazonas.

Porque probablemente fue allí donde entendí mejor que el lugar donde nace y vive una persona puede condicionar enormemente su relación con la discapacidad.

Colombia ha mejorado considerablemente su legislación durante estos últimos años. Existen más herramientas legales para favorecer la inclusión laboral y social y una mayor voluntad institucional de llegar a poblaciones que durante mucho tiempo han permanecido prácticamente invisibles.

Eso merece reconocerse.

Pero todavía existe una distancia enorme entre vivir con discapacidad en una gran ciudad y hacerlo en una comunidad indígena situada a varias horas en lancha de determinados servicios.

Por eso no creo que Colombia sea hoy un país plenamente accesible. Tampoco sería justo decir que permanece en el mismo lugar que encontré cuando llegué en enero de 2023.

Ha avanzado. Y mucho sobre el papel. Ahora el verdadero reto es conseguir que esos avances lleguen a las calles, a las zonas rurales y hasta las comunidades más remotas del Amazonas.

Esta realidad no es exclusiva de Colombia, sino que forma parte de un desafío mucho más amplio que adopta formas diferentes según el país, sus recursos y su contexto social. Conocer otras experiencias de Discapacidad visual por el mundo permite comprender hasta qué punto la accesibilidad, la autonomía y las oportunidades pueden cambiar de un lugar a otro, pero también descubrir iniciativas y personas que trabajan cada día para derribar esas barreras.

Preguntas frecuentes sobre discapacidad visual en Colombia

Colombia dispone de diferentes registros y estadísticas sobre discapacidad, pero las cifras varían dependiendo de la metodología utilizada y de qué se considere discapacidad visual. Además, en determinadas zonas rurales y comunidades indígenas todavía existen personas que no aparecen en los registros oficiales. Por eso es importante comprobar qué mide exactamente cada estadística antes de utilizar una cifra.

El Instituto Nacional para Ciegos (INCI) es la principal entidad pública especializada en discapacidad visual de Colombia. Trabaja en ámbitos como educación, accesibilidad, inclusión laboral, tecnología, cultura y acceso a la información para personas ciegas y con baja visión.

Sí. Colombia ha reforzado considerablemente su legislación durante los últimos años. La reforma laboral de 2025 introdujo, entre otras medidas, cuotas de contratación de personas con discapacidad para determinadas empresas privadas con 100 o más trabajadores.

En materia legislativa se han producido avances importantes entre 2023 y 2026. Sin embargo, los indicadores laborales continúan mostrando una gran diferencia entre personas con y sin discapacidad. Existe, por tanto, una mejora clara del marco legal que todavía no se ha trasladado en la misma proporción a la realidad laboral.

Depende mucho del lugar. Grandes ciudades como Medellín o Bogotá cuentan con transporte, instituciones y espacios culturales con medidas de accesibilidad, pero caminar por determinadas calles puede resultar complicado por los obstáculos y problemas del espacio público. La situación puede ser mucho más difícil en zonas rurales y territorios remotos.

No existe una única realidad. Los diferentes pueblos indígenas de Colombia tienen situaciones culturales, sociales y territoriales muy distintas. En determinadas comunidades rurales y remotas, las grandes distancias y las dificultades para acceder a hospitales, centros educativos y servicios especializados pueden aumentar considerablemente las barreras asociadas a una discapacidad.

Sí. Las instituciones colombianas reconocen dificultades para identificar y certificar a todas las personas con discapacidad, especialmente en determinados territorios alejados. En Puerto Nariño, por ejemplo, la Defensoría del Pueblo identificó en 2026 a 105 personas con discapacidad, de las cuales solamente tres tenían certificado oficial.

Las diferencias pueden ser enormes. En una gran ciudad los problemas pueden estar relacionados con accesibilidad urbana, empleo o transporte. En determinadas comunidades remotas del Amazonas se añaden las grandes distancias, el transporte fluvial y las dificultades para acceder a atención sanitaria, educación y servicios especializados.

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